Mostrando entradas con la etiqueta Contexto Económico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Contexto Económico. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de mayo de 2013

Cuantificando la Inequidad.


Recordemos la pregunta que nos atañe ¿Por qué las mujeres seguimos encontrando dificultades específicas para desenvolvemos en las esferas académicas, y cómo resolver esto?

El primer paso es hacer visible de qué dificultades estamos hablando, en dónde se notan o cuáles son los síntomas de una diferencia concerniente al género en la academia. La revista Nature nos da en su edición dedicada a las mujeres en ciencia herramientas para comenzar a visualizar esto. En esa ocasión queremos invitar a la lectura de "Inequality quantified: Mind the gender gap" de Helen Shen.

En este reporte podemos ver primero la diferencia en números entre hombres y mujeres en la academia en Estados Unidos, así como la diferencia de salarios, para los años entre 1973 y 2008. Es de notar que las disciplinas con mayor diferencia en el número de hombres y mujeres con doctorado empleados en la academia son las ingenierías, física y matemáticas.

"Uno de los problemas más persistentes es que una fracción desproporcionada de mujeres calificadas abandonan la carrera científica en las primeras etapas." Se reporta que una posible causa de esto es la falta de modelos a seguir. Un problema ligado a este es que muchas mujeres optan por no postularse a puestos de mayor definitividad. Otro hecho notable es que  al parecer las mujeres que tienen en sus planes de vida tener hijos interrumpen su carrera académica con mucho más frecuencia que hombres en las mismas circunstancias.

En cuanto al financiamiento para la investigación que reciben las mujeres en comparación con los hombres los datos varían considerablemente por región geográfica y disciplina. Pese a que los números muestran que las mujeres siguen recibiendo menor remuneración que sus colegas varones, sigue siendo difícil encontrar evidencias de que exista discriminación de hacia las mujeres en este aspecto. Uno de los pocos trabajos al respecto es el estudio de Jo Handelsman que hemos reseñado anteriormente. En Estados Unidos la brecha salarial más crítica ense encuentra en física y astronomía, donde las mujeres perciben salarios en promedio 40% más bajos que sus compañeros hombres.

El artículo expresa en lo que hemos insistido antes, que la problemática de género, aún restringiéndonos a la academia, es un problema complejo y que seguramente habrá que atacarlo desde diferentes frentes. Los datos sugieren que de alguna manera las mujeres tienden a una actitud derrotista hacia sus carreras con mayor frecuencia que los varones, con lo cual no queremos de ninguna manera dar a entender que sean culpables de los problemas que enfrentan. Una pregunta que regresa es ¿por qué estas brechas son más marcadas en la ciencias exactas que en las humanidades? Si consideramos que antes de comenzar los estudios universitarios todos recibimos en promedio la misma educación tanto en los colegios como en los hogares ¿qué está haciendo la diferencia dentro de las universidades y los centros de investigación?

Algo que se me ocurre, por ahora solamente como una opinión, es que es posible que las estudiantes de carreras como psicología o ciencias sociales estén encontrando herramientas que les permitan continuar sus carreras de manera más eficiente, y que este "algo" puede estar faltando en las carreras como ingeniería o ciencias exactas. Esperamos encontrar herramientas que nos permitan formular una hipótesis en este sentido y abordarla en entradas posteriores.


jueves, 27 de septiembre de 2012

Scientists, Your Gender Bias Is Showing

Los problemas de género en la sociedad en general y en particular en la comunidad científica son causados por múltiples factores: los roles preestablecidos, la incompatibilidad de los tiempos académicos con los tiempos adecuados para la maternidad, la doble jornada laboral, etc.  Probablemente haya otros tantos que todavía no descubrimos, además tampoco logramos identificar exactamente de qué manera dificultan cada uno de estos factores el avance de las mujeres dentro de la academia respecto a sus colegas varones.

Uno de los factores es la existencia de discriminación directa hacia las mujeres dentro de la comunidad científica en cuestión de contrataciones. Esto queda demostrado en un estudio realizado por  investigadores de la Universidad de Yale, Corinne Moss-Racusin y colaboradores, en donde se entregaron expedientes para solicitar un puesto de laboratorio.  El experimento fue el siguiente: se entregaron expedientes con contenido idéntico en cuanto a habilidades y competencias, pero a veces el expediente era dado con un nombre femenino y otras con un nombre masculino. En los resultados obtenidos se observa que los solicitantes con expedientes femeninos fueron calificados como menos aptos para su contratación, además de que el sueldo ofertado fue significativamente más bajo para las mujeres que para los hombres. Cabe decir que no hubo diferencias en la manera de evaluar de los hombres respecto a la manera de evaluar de las mujeres que se encontraban dentro de las comisiones evaluadoras.

Las conclusiones del estudio si bien no nos extrañan del todo no dejan de sorprendernos. Habrá que hacer este tipo de experimentos en nuestros centros de trabajo para determinar en qué grado ocurre este tipo de discriminación en nuestros propios institutos, pero todo apunta a que la academia no se escapa de las prácticas sexistas que se llevan a cabo cotidianamente en todos los niveles de la sociedad en la que vivimos. Tal vez sea ingenuo pensar que desde nuestros laboratorios podemos conformar un programa para acabar con el machismo en el mundo, pero una vez identificadas prácticas sexistas dentro de la comunidad científica es imperante que diseñemos con prontitud un programa para erradicarlas al menos dentro de la academia, esto sí que no es mucho pedir, y más que un pedir, debe ser una exigencia.

Les dejo la liga del blog con la primer nota que leí acerca del estudio, la cual escribe Ilana Yurkiewicz, estudiante de medicina en Harvard: Scientists, Your Gender Bias Is Showing.
 También la liga al artículo mencionado donde se pueden encontrar los detalles técnicos del estudio: Science faculty’s subtle gender biases favor male students.


lunes, 9 de julio de 2012

Discriminación Laboral. Actividad Doméstica: Una Labor No Remunerada.

El siguiente es un artículo publicado en la revista Pluma que edita el Partido Obrero Socialista, el cual al igual que el Freedom Socialist Party de Estados Unidos defiende un programa político socialista feminista y la premisa de que "el sistema capitalista depende del trabajo doméstico para poder seguir subsistiendo"[1].

Ofelia Imelda Rivera Cortés y Eréndira Munguía Villanueva.


La revolución industrial y el surgimiento del capitalismo moderno engendró uno de los mayores avances para las mujeres: el acceso en el área de la producción social y remunerada. La debilidad física característica de la biología femenina pudo compensarse con el uso de la tecnología, el manejo de mucha de la maquinaria moderna no requiere de un despliegue de fuerza superior a la capacidad de la mujer. Sin embargo los logros tecnológicos no repercuten en el desenvolvimiento de la mujer en la sociedad, si no que son absorbidos para beneficio del sistema patriarcal de propiedad privada. La familia se consolida como un elemento de opresión hacia la mujer, donde el hombre es quien tiene todo el poder de decisión, se relegan a la mujer las tareas domésticas y más aún, ésta se ve comprometida a ampliar su gasto de fuerza laboral para cumplir con la doble función: trabajar en la fábrica, oficina, mina, escuela, etc. y a la vez dar sus servicios de trabajo doméstico en el hogar sin remuneración alguna. Explicar con claridad la exclusión del trabajo doméstico en la cuenta de actividades productivas y la desigualdad laboral entre hombres y mujeres no es tarea fácil, y es hoy en día una discusión abierta.

Valoración de las tareas domésticas.

Es innegable la tremenda importancia de las labores domésticas de dentro del engranaje de las sociedades, las tareas de limpieza y cuidados que se realizan en el hogar son imprescindibles para el desarrollo saludable de toda persona. Para calcular el valor de las labores domésticas y su equivalente monetario podemos etiquetar cada actividad por su precio en el mercado y así darnos una idea de la suma a la que asciende. Por poner un ejemplo el lavado de ropa en lavanderías de mostrador cuesta aproximadamente de 10 pesos por 1 kg, considerando una carga de 6 kg se tendría que cada vez que lavamos ropa estamos realizando una actividad con valor de 60 pesos. Solemos decir que vamos cocinar o lavar ropa en la casa “para no gastar”, si bien este es un razonamiento común, si pensamos más detenidamente, simplemente estamos realizando una actividad en lugar de pagar por ella, en lugar de “gastar” dinero estamos “gastándonos” nosotros mismos. De igual forma con la elaboración de algún alimento, la limpieza de calzado, etc.

Es decir, el producto del trabajo doméstico puede explicarse también a partir de las definiciones de Marx de valor de uso y valor de cambio. El que usualmente el trabajo doméstico que realizamos sea en beneficio de nuestra propia familia (valor de uso) no implica automáticamente que deba de tener un carácter no remunerado, ya que como cualquier otro trabajo implica un gasto de energía por parte de quien lo realiza y esto hace que adquiera un valor (valor de cambio), potencialmente equiparable al valor de cualquier otra actividad humana que requiera el mismo despliegue de energía.

Recientemente en México, y por recomendaciones internacionales, se ha empezado a contabilizar (aunque no desde un enfoque marxista) el valor del Trabajo No Remunerado en el Hogar (TNRH)[2]. Para este cálculo se toman en cuenta todas las actividades domésticas y cuidados del hogar que se traducen en servicios no remunerados prestados a los propios miembros del hogar, y que podrían ser realizados por personas ajenas: labores de limpieza, el pago de servicios, ciertas compras, la atención de los hijos, etc. y se aproxima su valor siguiendo los principios que usamos para el lavado de ropa (claro que en una versión más compleja). Según los datos recopilados, en el año 2010:

-El total de la población que participa en la producción de bienes y servicios (de manera remunerada o no) es de 79 millones de personas, de las cuales 53.5% son mujeres y 46.5% son hombres.

-La tasa de participación en el trabajo no remunerado es de 61.8 para mujeres y 26.3 para hombres.

-La tasa de participación en el trabajo remunerado es de 36.1 para mujeres y 67.7 para hombres.

-El valor económico de las horas de TNRH resultó equivalente al 21.9% en relación con el PIB de la economía total.

Esto confirma que en la actualidad las mujeres son las que realizan la mayoría del TNRH, aún cuando en principio mujer y varón tenemos los mismos derechos y las mismas capacidades para llevar a cabo las labores en el seno del hogar. Al hacer el desglose de la participación en el trabajo remunerado y no, se hace evidente la desvalorización que tiene el trabajo realizado por las mujeres. Entre los trabajadores que trabajan sin recibir remuneración la mayoría son mujeres, en una proporción de 3 a 1.

Aún cuando las tareas domésticas tienen una función primordial en el desarrollo de las personas y de la sociedad en general, y aunque al ser contabilizado dentro del PIB el TNRH resulta ser una parte considerable de éste, para la Estadística Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE)[3] las actividades domésticas no forman parte de las actividades económicas. Esto implica que las personas que se dedican exclusivamente a tareas dentro del TNRH no son tomadas en cuenta dentro de la población económicamente activa y para la sociedad pasan tristemente a formar parte de los “NINI's”.

Trabajo remunerado y discriminación laboral.

Aunado al problema de la desvalorización del TNRH existe una discriminación hacia la mujer en el ámbito del trabajo remunerado. El primer dato a resaltar es la desigualdad en cuanto a los salarios, de la población que cobra cuando mucho un salario mínimo, el 52% son mujeres, mientras que de la población que gana más de cinco salarios mínimos sólo el 28% son mujeres.
El ENOE 2010 divide en 10 grupos ocupacionales las actividades del trabajo remunerado. En la mayoría de los grupos ocupacionales dentro del trabajo remunerado las mujeres ganan menos que los hombres, la situación extrema es el de las ocupaciones industriales, en donde las mujeres perciben tres cuartas partes (76.6%) del ingreso que perciben los hombres.

La actividad económica donde más integradas están las mujeres es la del comercio, pero es precisamente ésta en donde se encuentran el mayor índice de discriminación salarial. Para alcanzar la equidad salarial entre uno y otro sexo se requiere en el sector comercial aumentar el salario que perciben las mujeres en un 52.2%, para las ocupaciones industriales el aumento debería ser de 29% y para los puestos de funcionarios y directivos del 24.9%. A nivel del total de trabajadores asalariados, para lograr la equidad, el aumento al salario de las mujeres debería ser del 8.6%, siendo los grupos más equitativos en cuanto al salario los que cuentan con menos incursión femenina.

¿Qué hacer ante la desigualdad?

Para resolver estas desigualdades de género necesitamos hacer un análisis profundo y preguntarnos qué las está generando. Como hemos dicho el TNRH no fue desde siempre responsabilidad única de las mujeres. En los hogares preindustriales el trabajo doméstico era mucho más variado y complejo, y los hombres participaban en éste de diferentes maneras como en la caza y la conservación de los alimentos, en la fabricación de textiles, etc. Además de que las labores de limpieza no eran tan extensas como lo son ahora debido a la moderna concepción de higiene[4]. Es decir, no es cierto que la asignación a las mujeres como responsables del hogar sea una cuestión de fundamento biológico que haya existido desde siempre, como tampoco es cierto que la modernidad ha venido a disminuir la jornada de trabajo en el hogar. Lo que sí es un hecho para las mujeres es que desde que nacemos los estereotipos sociales nos abordan y encapsulan a una función, y paradójicamente es la misma sociedad la que no nos reconoce plenamente las funciones que nos asigna. Sacudir estos prejuicios no es tarea fácil ni siquiera para nosotras mismas, pero es un paso forzoso que debemos dar para llevar una vida plena y feliz. Debemos reconocernos a nostras mismas como seres humanos igual de aptos y capaces que los varones, al tiempo de exigir la igualdad en derechos. Una de las reivindicaciones que debemos enarbolar es el reconocimiento de la labor doméstica como un trabajo más en la lista de actividades productivas, y en donde bien pueden participar y contribuir tanto el varón como la mujer en igualdad de fuerza de trabajo. Exigimos ya reconocimiento y la no discriminación laboral para nuestro género.



[4]  El Trabajo de Cuidados. Historia, Teoría y Políticas. Cristina Carrasco et al. 2011

lunes, 16 de abril de 2012

Juchitán de Zaragoza, experiencias de vida de mujeres en esta comunidad.

La comunidad de Juchitán de Zaragoza, municipio de Oaxaca, México, es erróneamente señalada como un ejemplo de matriarcado. El siguiente es un video acerca de la vida en esta comunidad zapoteca del estado de Oaxaca, si bien no trata exclusivamente de cuestiones de género sí da una visión bastante buena de una comunidad donde es tradición que las mujeres salgan de sus casas a realizar actividades remuneradas, la mayoría como comerciantes. Esto ha dado cierta libertad económica a las mujeres juchitecas, y por supuesto hace que ciertos aspectos de la comunidad sean distintos de las sociedades donde tradicionalmente las mujeres han realizado sólo labores domésticas sin recibir remuneración por ello. Es interesantes cómo la prensa foránea ha malentendido esta libertad catalogando a la sociedad juchiteca como un matriarcado.